Ascensión recta y declinación

El arbol y la leña.

Escrito por en 7 may , 2012

Qué país de miserables. Cómo somos capaces de tragar, de ser pelotas hasta la nausea, de no alzar la voz simplemente porque somos cobardemente conscientes de...

Leer más

Rufus T. Firefly

Game of thrones: Choque de Reyes.

Escrito por en 4 abr , 2012

                La complicada apuesta que realizó la HBO hace un año intentando adaptar a la...

Leer más

Diario de Ruta

Un año y un día.

Escrito por en 11 mar , 2012

El pasado 11 de marzo de 2011 despertaba, como cada mañana, a las 6.45 h para prepararme a afrontar una nueva jornada laboral. Como si las casualidades fueran en ocasiones...

Leer más

Cultura

TRES HORAS SIN CRISIS

Escrito por en 16 may , 2012

Es uno de esos momentos que se esperan, quizá, durante toda una vida. Sevilla, 13 de mayo. Las nueve y cuarto de la noche. Estadio Olímpico de la Cartuja. Treinta y...

Leer más

Últimas noticias

TRES HORAS SIN CRISIS

TRES HORAS SIN CRISIS

16 may , 2012

Es uno de esos momentos que se esperan, quizá, durante toda una vida. Sevilla, 13 de mayo. Las nueve y cuarto de la noche. Estadio Olímpico de la Cartuja. Treinta y siete grados y ni una brizna de viento. De repente, a un escenario salen quince y músicos y, después de un momento interminable de espera, aparece él…. ¡Bruce Springsteen! ¡El jefe en persona! Así que no era mentira, la entrada no era falsa. Me dispongo a disfrutar de un concierto histórico, el primero de su tour europeo Wrecking Ball.

Y la verdad es que el músico de New Jersey no defraudó en ningún momento. Durante tres horas, con un despliegue físico increíble –carreras, saltos, internadas entre el público, sudor desaforado- en una persona próxima a los 63 años, el genio estadounidense desgranó el repertorio mayoritario de su última obra, así como un recorrido –quizá más breve de lo que algunos quisiéramos- por alguno de sus clásicos, y otros que cobran todo el aspecto de que van a acabar siéndolo.

 

 

Iniciado el evento con un Badlands que a todo el mundo le sonó a declaración de intenciones, (Seguiremos apretando hasta que quede claro; y estas malas tierras nos comiencen a tratar bien), y sin solución de continuidad empezó a desgranar los temas de su última entrega: We take care of our own, Jack all trades, Wrecking ball, y Death to my hometown, todas ellas dedicadas a y hablando de esta crisis, quienes la han provocado, quienes se benefician de ella, y los que la estamos pagando sin haber tenido nada que ver. En el escenario se pudo ver el nuevo esquema, tanto en estilo como en acompañamiento, que Springsteen propone: por un lado, cierto coqueteo –tímido pero significativo-, con los sonidos folk de este lado del Atlántico; e incluso con el rap y hip hop en Rocky Ground, con un dueto final casi a capella con una de las dos magníficas backing vocals que formaban parte de la banda.

Por otro lado, también se advierten cambios en la composición de los músicos. Ahora son quince, en lo que probablemente es el acompañamiento más numeroso de todas sus giras. Hay sitio en él para una sección de cinco instrumentos de viento, que dan al conjunto un toque soul apreciable, con mención aparte para el nuevo saxo, Jake Clemons, sobrino del mítico big man Clarence Clemons, desaparecido en junio pasado y que dio toda la impresión de haberse ganado el sitio, y no por enchufe. No obstante, es de justicia decir que el bacalao lo siguen partiendo los de la E Street Band de siempre: Max Weinberg, batería rotunda y sin concesiones en Death to my hometown; Nils Lofgren, desaforado en la guitarra en Because the night, quizá el mejor momento de la noche; y, como no, Steven Van Zandt, cada día más piratesco, pero poderosísimo en I’m going down, interpretada a petición popular.
 

 

Mención inevitable para el hecho de que ni siquiera la promesa de un evento histórico pudo impedir la existencia de importantes claros en la grada y, en mucha menor medida, en el césped. Se habla de una cifra de treinta mil asistentes sobre un aforo posible de cuarenta mil. Un exitazo para cualquiera menos para Springsteen. Pero claro, sin ahondar demasiado en la crítica, hasta para el jefe es demasiado, con la que está cayendo,  entradas entre setenta y ciento diez euros.

En resumen, un concierto inolvidable, al menos para el que esto suscribe. Una oportunidad pintiparada para olvidarse, siquiera durante un rato, de la crisis, de la ruina que nos han buscado y de problemas personales. Decir que el tour sigue en España en Las Palmas, Barcelona (dos días), Donosti y Madrid. Pero todo eso a uno ya le da igual. Lo más importante, lo único importante, es que un trocito de mi corazón musical se ha quedado, ya para siempre, sobre el césped del, por otra parte, magnífico y monumental estadio sevillano. Si todavía estáis a tiempo (dicen que, excepto en Barcelona, todavía quedan entradas por vender), no os lo penséis. Bruce Springsteen es apuesta segura.
VN:F [1.9.13_1145]
Rating: 10.0/10 (2 votes cast)
VN:F [1.9.13_1145]
Rating: 0 (from 0 votes)

Bad Behavior has blocked 52 access attempts in the last 7 days.